De la calle al ring
Un entrenador de boxeo o MMA puede enseñar a defenderse, mejorar la condición física y preparar competidores. Pero, en determinados contextos sociales, su trabajo puede adquirir un significado mucho más profundo: convertirse en una figura de referencia para jóvenes que necesitan oportunidades, pertenencia y adultos en quienes confiar.
Yo aprendí que el entrenamiento empieza mucho antes del primer golpe
Caminé muchos gimnasios antes de fundar OUPEN Academy.
Conocí gimnasios con pisos de cemento, bolsas de boxeo remendadas, elementos improvisados y rings construidos con los recursos que había disponibles. Lugares donde quizás no sobraba nada, pero donde había personas dispuestas a enseñar.
Y en muchos de esos espacios encontré algo que me hizo reflexionar: el impacto de un entrenador no siempre se mide por la cantidad de peleadores que consigue llevar a una competencia.
A veces se mide por algo mucho menos visible.
Por el joven que llega a horario porque sabe que alguien lo está esperando. Por el adolescente que empieza a respetar una rutina. Por quien descubre que puede controlar sus impulsos, aceptar una corrección y formar parte de un grupo sin necesidad de imponerse mediante la violencia.
A lo largo de mi trayectoria formando entrenadores en deportes de combate, fui comprendiendo que la técnica es solamente una parte de esta profesión.
Saber enseñar un jab, una defensa, una proyección o una combinación es fundamental. Pero cuando trabajamos con adolescentes y jóvenes que atraviesan situaciones de vulnerabilidad social, aparecen otras responsabilidades.
Hay que saber escuchar, establecer límites, construir confianza, reconocer situaciones que exceden nuestra competencia y comprender que detrás de cada alumno existe una historia que no siempre conocemos.
El entrenador no solamente enseña a combatir. Enseña a relacionarse con el esfuerzo, con las reglas, con los demás y, especialmente, con uno mismo.
Este artículo está dirigido a quienes trabajan o quieren trabajar en el mundo de los deportes de combate y comprenden que su profesión puede tener un impacto que va mucho más allá del gimnasio.
El gimnasio como refugio: cuando entrenar es también encontrar un lugar
Hay una experiencia concreta en Argentina que permite comprender esta dimensión social del deporte.
En la Villa 21-24, en el barrio porteño de Barracas, funciona el Barracas Boxing Club, un proyecto impulsado junto a la Fundación TEMAS.
Desde su inauguración, en 2008, alrededor de 1.200 adolescentes y jóvenes pasaron por este espacio.
Actualmente, recibe aproximadamente a 60 jóvenes por día.
Pero hay un detalle que me parece especialmente importante: a las 18 horas comparten una merienda y un momento de conversación.
Es decir, el encuentro no se limita a entrenar.
Una joven que llegó al club a los 16 años contó que inicialmente le resultaba extraño que los profesores le preguntaran cómo estaba. No estaba acostumbrada a que un adulto se interesara de esa manera por ella.
Con el tiempo, el club se convirtió en un lugar al que podía acercarse incluso cuando no tenía ganas de entrenar, simplemente para conversar y compartir un momento.
Detengámonos un instante en esto.
¿Te das cuenta de lo que significa?
Para algunos jóvenes, que un adulto los salude, conozca su nombre, note su ausencia y pregunte cómo están puede representar una experiencia completamente nueva.
El gimnasio empieza a cumplir otra función: deja de ser solamente un espacio de actividad física para convertirse en un lugar de pertenencia.
Y esto no es romantizar la pobreza ni pensar que un deporte puede resolver por sí solo problemas estructurales. Es reconocer el valor de construir espacios comunitarios seguros, con adultos responsables y oportunidades de participación.
La experiencia del Barracas Boxing Club demuestra que un proyecto deportivo puede articular entrenamiento, acompañamiento social, promoción de la salud y trabajo interdisciplinario.
El deporte es la puerta de entrada. El vínculo humano es una parte fundamental de lo que sucede después.
¿Por qué los deportes de combate pueden conectar con jóvenes en contextos difíciles?
Existe una pregunta interesante que merece una reflexión: ¿cómo puede una actividad que incluye golpes, oposición física y enfrentamiento convertirse en una herramienta educativa?
La respuesta está en el contexto pedagógico en el que se enseña.
Pensemos en un joven que llega al gimnasio con mucha energía, dificultades para controlar sus reacciones, frustración acumulada o una necesidad permanente de demostrar fortaleza.
Decirle simplemente que debe tranquilizarse probablemente no sea suficiente.
Sin embargo, podemos proponerle una actividad donde esa energía tenga una dirección.
En boxeo, por ejemplo, el alumno aprende que no puede golpear cuando quiere, que debe respetar una consigna, controlar la intensidad, observar al compañero y detenerse cuando el entrenador lo indica.
En judo aprende a proyectar, pero también a caer, respetar el turno y reconocer cuándo debe detener una acción.
En MMA aprende a integrar diferentes distancias y situaciones de oposición dentro de un reglamento que establece qué está permitido y qué no.
En todos estos casos existe una oportunidad pedagógica: transformar una actividad de oposición física en una experiencia de aprendizaje regulada.
La diferencia entre reaccionar y tomar una decisión
En la calle, una provocación puede desencadenar una reacción impulsiva.
En una práctica deportiva correctamente dirigida, el alumno aprende que entre el estímulo y la respuesta existe un espacio para decidir.
Un rival avanza. El alumno debe observar, interpretar la situación, elegir una respuesta técnica y ejecutarla respetando las reglas.
Esa secuencia involucra atención, anticipación, toma de decisiones y control de la conducta.
Por supuesto, no debemos confundir una habilidad aprendida durante el entrenamiento con una transformación automática del comportamiento cotidiano. La transferencia depende de muchos factores, entre ellos la calidad de la enseñanza, el entorno familiar, las experiencias sociales y la continuidad del acompañamiento.
La evidencia científica también exige prudencia.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 en Mental Health and Physical Activity analizó seis estudios con 1.291 participantes jóvenes. No encontró efectos estadísticamente significativos de las intervenciones de artes marciales sobre la reducción de la agresividad ni sobre la mejora de las conductas prosociales.
Esto es importante: no podemos afirmar que practicar boxeo o MMA vuelva automáticamente menos agresiva a una persona.
Lo que sí podemos sostener desde una perspectiva pedagógica es que un programa bien diseñado puede ofrecer oportunidades para practicar disciplina, autocontrol, respeto, cooperación y toma de decisiones.
El deporte no educa por sí solo. Educa la manera en que lo organizamos, lo enseñamos y nos relacionamos con quienes lo practican.
Y aquí aparece una de las responsabilidades más importantes del entrenador.
Las tres funciones fundamentales del entrenador en contextos de vulnerabilidad
Cuando pienso en el trabajo de un entrenador en estos espacios, identifico tres funciones que deberían orientar su desempeño profesional.
1. Ser una guía: enseñar con el ejemplo
El entrenador se convierte, muchas veces, en una figura adulta de referencia.
No necesita tener todas las respuestas ni convertirse en alguien extraordinario. Necesita ser coherente.
Si exige puntualidad, debe llegar a horario. Si pide respeto, debe respetar. Si enseña autocontrol, no puede perder los estribos ante un error del alumno.
Los jóvenes observan mucho más de lo que imaginamos.
La forma en que el entrenador corrige, resuelve un conflicto, trata a sus colaboradores y reconoce sus propios errores también forma parte de la enseñanza.
Por eso, la autoridad profesional no debería construirse a partir del miedo.
Un buen entrenador no necesita que sus alumnos le tengan miedo. Necesita que puedan confiar en él y reconocer la legitimidad de sus decisiones.
2. Ser una figura de contención: construir vínculos y pertenencia
Contener no significa permitir todo, resolver todos los problemas ni asumir responsabilidades que corresponden a otros profesionales.
Contener significa estar presente de manera responsable.
Es conocer a los alumnos, observar sus comportamientos, prestar atención a sus cambios y comprender que la asistencia al gimnasio puede representar mucho más que cumplir con una rutina.
Por ejemplo:
Un adolescente que habitualmente llega temprano comienza a faltar durante varios días. Cuando regresa, está irritable y evita relacionarse con sus compañeros.
El entrenador puede acercarse, preguntarle cómo está y ofrecerle un espacio para conversar.
Quizás el joven quiera hablar. Quizás no.
Lo importante es que encuentre un adulto que lo reconozca y que pueda escucharlo sin juzgarlo.
No siempre podremos solucionar aquello que sucede fuera del gimnasio. Pero sí podemos evitar que nuestro espacio reproduzca situaciones de maltrato, humillación o indiferencia.

3. Establecer límites: enseñar que la fuerza también implica responsabilidad
Este punto me parece especialmente importante en los deportes de combate.
Un gimnasio sin límites claros puede convertirse en un espacio peligroso.
El entrenador debe establecer reglas comprensibles y aplicarlas de manera consistente.
No se golpea fuera de la consigna. No se humilla al compañero. No se utiliza la técnica para intimidar. No se continúa una práctica cuando el entrenador ordena detenerse. No se pone en riesgo la integridad de otra persona para demostrar superioridad.
Pero hay algo más profundo.
El límite no debe utilizarse como una demostración de poder del adulto. Debe funcionar como una herramienta educativa.
Cuando un alumno comprende que sus acciones tienen consecuencias y que existen reglas que protegen a todos, comienza a experimentar una forma de convivencia basada en el respeto mutuo.
Enseñar a controlar la fuerza es tan importante como enseñar a desarrollarla.
Lo que un entrenador no debe hacer solo
Hay una diferencia fundamental entre ser una figura de referencia y asumir responsabilidades para las que no estamos preparados.
Un entrenador de boxeo, MMA, kickboxing o cualquier otra disciplina de combate no reemplaza a un psicólogo, un trabajador social, un médico ni a un equipo de protección de derechos.
Puede detectar señales de alerta, escuchar, acompañar y facilitar una derivación. Pero no debe diagnosticar, realizar intervenciones terapéuticas ni intentar resolver situaciones complejas por cuenta propia.
Imaginemos algunas situaciones:
Un alumno comienza a mostrar señales de consumo problemático.
Una adolescente relata situaciones de violencia en su hogar.
Un joven manifiesta un sufrimiento emocional persistente.
Un alumno presenta conductas que ponen en riesgo su integridad o la de sus compañeros.
¿Qué debería hacer el entrenador?
Primero, mantener la calma y escuchar sin emitir juicios. Segundo, evitar prometer confidencialidad absoluta cuando puede existir una situación de riesgo. Tercero, activar los protocolos correspondientes y buscar acompañamiento de profesionales competentes.
Si existe peligro inmediato, debe priorizarse la protección de la persona y recurrir a los servicios de emergencia o protección correspondientes.
El caso del Barracas Boxing Club también ofrece una enseñanza en este sentido.
Después de la pandemia, el equipo observó un incremento de la demanda de acompañamiento emocional. Por eso incorporó una psicóloga que participa tanto en instancias individuales como en las rondas de conversación durante las meriendas.
Esto demuestra algo que considero esencial para nuestra profesión:
Reconocer los límites de nuestro rol no nos hace menos entrenadores. Nos hace más responsables.
La formación profesional también consiste en saber cuándo una situación requiere la intervención de otro especialista.
¿Qué necesita aprender un entrenador para trabajar con poblaciones vulnerables?
Si alguien quiere desempeñarse en estos espacios, no alcanza con dominar las técnicas de combate ni con haber tenido una trayectoria deportiva destacada.
Necesita desarrollar competencias en diferentes dimensiones.
Conocimientos técnicos y deportivos: comprender las disciplinas, sus fundamentos, reglamentos, técnicas y criterios de seguridad.
Preparación física: saber evaluar, dosificar las cargas y adaptar las actividades a las capacidades y condiciones de cada alumno.
Metodología y didáctica: organizar clases, formular objetivos, seleccionar ejercicios, enseñar progresivamente y evaluar aprendizajes.
Comunicación y liderazgo: corregir sin humillar, motivar sin manipular, establecer límites y construir relaciones de confianza.
Psicología deportiva: comprender aspectos como la motivación, el estrés, la atención, la resiliencia y la respuesta emocional ante situaciones de presión.
Ética y responsabilidad profesional: reconocer el alcance de sus competencias, identificar situaciones que requieren derivación y trabajar articuladamente con otros profesionales.
No se trata de convertir al entrenador en un especialista en todas estas disciplinas.
Se trata de que tenga una formación suficientemente amplia para tomar buenas decisiones dentro de su campo de actuación.
En OUPEN Academy formamos entrenadores que necesitan comprender mucho más que la técnica
Cuando diseñamos una formación profesional, tenemos una convicción: enseñar una técnica sin enseñar a utilizarla correctamente es una formación incompleta.
Por eso, nuestra propuesta de Entrenador en Deportes de Combate Full contempla una preparación integral que reúne conocimientos técnicos, científicos, metodológicos y estratégicos.
La formación tiene una carga académica de 500 horas cátedra y se desarrolla en cinco módulos.
Entre sus contenidos se encuentran:
Módulo 1. Fundamentos de los Deportes de Combate: historia, reglamentos, fundamentos técnicos y principios de las disciplinas.
Módulo 2. Ciencias del Rendimiento y Preparación Física: anatomía, biomecánica, fisiología, fuerza, potencia y acondicionamiento.
Módulo 3. Nutrición y Manejo de Peso: nutrición deportiva, suplementación, hidratación y estrategias de control del peso.
Módulo 4. Psicología Deportiva y Estrategia Competitiva: resiliencia, concentración, control del estrés, enfoque y toma de decisiones.
Módulo 5. Metodología y Planificación Avanzada: didáctica, comunicación, planificación del entrenamiento, evaluación y seguimiento.
El módulo de Psicología Deportiva cuenta con la participación de la Lic. Belén Báez, mientras que la formación integra aportes de profesionales de diferentes especialidades.
La modalidad es 100 % online, con acceso a lecciones, videos, apuntes, material complementario, actividades y evaluaciones.
Cuenta con aval académico del Profesorado de Educación Física , aval científico de ETOS y certificaciones y avales de BELLATOR y BOXEO MARCIAL, según el programa de la formación.
¿Para quién está pensada esta formación?
Para quienes quieren iniciarse profesionalmente como entrenadores de deportes de combate, para peleadores que desean transmitir sus conocimientos, para profesores de Educación Física y para entrenadores que buscan ampliar sus competencias.
También para quienes trabajan en gimnasios, clubes y proyectos deportivos comunitarios y comprenden que enseñar deportes de combate implica una responsabilidad que requiere preparación.
Si querés conocer el programa completo, los contenidos y las condiciones de inscripción, podés hacerlo aquí:
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Una reflexión personal: el verdadero poder de un entrenador
No creo que el boxeo salve a nadie por sí solo.
Tampoco creo que las artes marciales o las MMA puedan solucionar automáticamente los problemas de violencia, desigualdad o exclusión que atraviesan muchos jóvenes.
Pero sí creo en el valor de las personas que deciden enseñar con responsabilidad.
Creo en el entrenador que abre el gimnasio aunque ese día tenga pocos alumnos. En el que prepara una clase pensando en las capacidades de cada uno. En el que corrige sin humillar. En el que sabe decir que no. En el que reconoce que no tiene todas las respuestas y busca ayuda cuando hace falta.
Creo en el poder de los espacios donde un joven puede equivocarse, volver a intentarlo, aprender a respetar una regla y descubrir que pertenece a un grupo.
Quizás nunca llegue a competir. Quizás nunca gane una medalla. Quizás abandone los deportes de combate dentro de algunos años.
Pero puede llevarse algo que no aparece en ningún ranking: la experiencia de haber sido tratado con respeto, de haber aprendido a esforzarse y de haber encontrado adultos que confiaron en sus posibilidades.
Por eso, cuando pienso en la formación de entrenadores, no pienso solamente en preparar personas capaces de llevar atletas al ring.
Pienso también en preparar profesionales capaces de comprender la dimensión humana de su trabajo.
Porque enseñar a combatir es transmitir una técnica. Enseñar a utilizar la fuerza con responsabilidad es formar personas.
Y esa diferencia puede cambiar la manera en que entendemos nuestra profesión.
Entonces, ¿por qué algunas mujeres aumentan mucho más de peso?

Porque el peso corporal no depende de una sola variable.
Y acá aparece una de las ideas que considero más importantes para cualquier mujer que entrena:
Tu tiroides es una pieza del sistema. No es todo el sistema.
Imaginemos dos mujeres.
Las dos tienen hipotiroidismo.
Pero una continúa entrenando fuerza tres veces por semana, mantiene una alimentación relativamente organizada, camina diariamente y duerme razonablemente bien.
La otra dejó de entrenar, pasa muchas horas sentada, duerme poco, come de manera desorganizada y redujo considerablemente su actividad cotidiana.
Las dos tienen hipotiroidismo.
Pero no podemos esperar que la enfermedad explique por sí sola la diferencia en su composición corporal.
El organismo no funciona con una sola causa.
¿Cómo sé si realmente debería consultar?

Acá quiero hacer una aclaración importante.
Subir de peso no significa automáticamente que tengas hipotiroidismo.
El aumento de peso aislado es un dato demasiado inespecífico para atribuirlo directamente a la tiroides.
En cambio, si aparecen varios síntomas compatibles —por ejemplo, cansancio persistente, intolerancia al frío, estreñimiento, alteraciones menstruales, cambios en la piel o el cabello, hinchazón o dificultades de concentración— merece la pena hablarlo con un profesional de salud.
Y especialmente si existe antecedente personal o familiar de enfermedad tiroidea o autoinmunidad.
Las mujeres tienen una probabilidad considerablemente mayor de desarrollar hipotiroidismo, y la tiroiditis de Hashimoto es una de las principales causas de hipotiroidismo.
La respuesta correcta no es adivinar.
Es evaluar.
4 mitos sobre hipotiroidismo, peso y entrenamiento

MITO 1: “Con hipotiroidismo no puedo bajar de peso”
Falso.
Una vez diagnosticado y correctamente tratado el hipotiroidismo, la capacidad de perder peso no desaparece.
Cuando los niveles tiroideos están normalizados, la capacidad para ganar o perder peso no queda anulada por haber tenido hipotiroidismo.
Eso no significa que adelgazar sea automático.
Significa que tener hipotiroidismo no te condena a no poder modificar tu composición corporal.
Entrenamiento, alimentación, actividad cotidiana, descanso, edad, composición corporal y adherencia siguen importando.
MITO 2: “Si tomo más hormona tiroidea voy a adelgazar más rápido”
No. Y hacerlo por cuenta propia puede ser peligroso.
La hormona tiroidea no es un quemador de grasa.
Utilizar dosis superiores a las necesarias para intentar adelgazar puede provocar efectos adversos importantes, entre ellos alteraciones del ritmo cardíaco, pérdida de masa muscular y pérdida de masa ósea.
Las guías clínicas actuales recomiendan ajustar la levotiroxina para alcanzar objetivos bioquímicos adecuados, no para manipular artificialmente el peso corporal.
La medicación no se ajusta en el gimnasio. Se ajusta con el profesional de salud que lleva tu tratamiento.
MITO 3: “Si elimino el gluten, voy a mejorar mi tiroides”
No existe una regla general que indique que toda persona con hipotiroidismo deba eliminar el gluten.
Hay situaciones clínicas específicas —como la enfermedad celíaca— en las que una dieta estrictamente sin gluten sí es necesaria.
Pero convertir la eliminación del gluten en una estrategia universal para “curar” o controlar el hipotiroidismo es otra cosa.
No confundamos una intervención indicada para una enfermedad concreta con una recomendación general para todas las personas.
MITO 4: “Necesito tomar más yodo para activar mi tiroides”
Tampoco.
El yodo es indispensable para producir hormonas tiroideas, pero más no significa mejor.
La cantidad necesaria depende de múltiples factores y un exceso de yodo puede ser perjudicial en determinadas personas, especialmente en algunas enfermedades tiroideas.
Por eso no recomiendo suplementos de yodo por iniciativa propia.
Si existe una alteración tiroidea, la estrategia debe determinarla el profesional que realiza el diagnóstico y seguimiento.
¿Qué puede hacer un buen instructor?

Esta es una distinción fundamental en OUPEN.
Un instructor no diagnostica hipotiroidismo.
No interpreta análisis de laboratorio para decidir tratamientos.
No modifica dosis de levotiroxina.
No prescribe medicamentos.
Y tampoco debería prometer que determinado ejercicio “va a activar la tiroides”.
Su función es otra.
Puede:
conocer los límites de su campo profesional;
reconocer situaciones que requieren derivación;
adaptar el entrenamiento cuando corresponda;
controlar progresión, volumen e intensidad;
trabajar sobre fuerza y capacidad física;
acompañar la adherencia;
observar la respuesta al entrenamiento;
comunicarse responsablemente con otros profesionales cuando sea necesario.
Adaptar no es tratar una enfermedad.
Esta diferencia parece pequeña.
Profesionalmente, es enorme.
Una idea que me gustaría que recuerdes
Si tenés hipotiroidismo, no quiero que este artículo te haga sentir culpable.
Y tampoco quiero que te haga pensar que todo está fuera de tu control.
Quiero proponerte algo diferente:
No le quites importancia a tu enfermedad. Pero tampoco le entregues el control absoluto sobre tu cuerpo.
La tiroides puede influir.
El tratamiento médico importa.
La alimentación importa.
El entrenamiento importa.
El movimiento cotidiano importa.
El sueño importa.
La edad, la composición corporal y muchos otros factores también.
El cuerpo humano no funciona con una sola explicación.
Si tenés hipotiroidismo, no dejes de entrenar por miedo
Si tenés un diagnóstico de hipotiroidismo, tu primera referencia debe ser el profesional de salud que controla tu enfermedad.
Con el tratamiento adecuadamente indicado y el seguimiento correspondiente, la mayoría de las personas puede llevar una vida activa y saludable.
Y desde el entrenamiento, la pregunta deja de ser:
“¿Cómo hago para luchar contra mi tiroides?”
Y empieza a ser:
“¿Cómo puedo construir el mejor cuerpo y la mejor condición física posible dentro de mi realidad?”
Esa es una pregunta mucho más poderosa.
Porque una enfermedad puede formar parte de tu historia.
Pero no tiene por qué convertirse en toda tu historia.
3 APRENDIZAJES ESENCIALES
1. Tener hipotiroidismo no significa que tengas que dejar de entrenar. El entrenamiento debe adaptarse a la persona y desarrollarse dentro del campo profesional correspondiente.
2. La tiroides puede influir en el peso, pero no explica automáticamente todos los kilos acumulados. El peso y la composición corporal son el resultado de múltiples factores.
3. El objetivo no es luchar contra la tiroides. Es comprenderla, tratarla cuando corresponde y trabajar sobre todo aquello que sí podemos modificar: fuerza, movimiento, alimentación, recuperación y hábitos.
Preguntas frecuentes sobre hipotiroidismo y peso
¿El hipotiroidismo te hace engordar mucho?
Puede favorecer una ganancia modesta de 2 a 5 kg, en gran parte por retención de líquidos y menor gasto, no 15 kg de grasa pura.
¿Con hipotiroidismo se puede bajar de peso?
Sí. Con el tratamiento ajustado y un plan de fuerza, alimentación organizada y movimiento diario, se puede modificar la composición corporal.
¿Cuánto peso se gana con hipotiroidismo realmente?
Según la American Thyroid Association, alrededor de 2,3 a 4,5 kg pueden estar relacionados con la función tiroidea.
¿Por qué me cuesta bajar si tengo hipotiroidismo?
Además de la tiroides, influyen el abandono de actividad física, menús desorganizados, poco movimiento diario, poco sueño y estrés.
¿Se puede entrenar con hipotiroidismo?
Sí, con apto médico. La clave es fuerza progresiva 3 veces por semana y adaptar volumen e intensidad.
¿Qué no debo hacer si tengo hipotiroidismo y entreno?
No automedicar hormona para adelgazar, no eliminar gluten sin celiaquía y no tomar yodo extra por cuenta propia.



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